El movimiento LGTBI y el movimiento obrero en los Estados Unidos

Jaime Caro Morente

En los Estados Unidos, la lucha del movimiento obrero y del movimiento LGTBI ha estado históricamente, y continúa estando, intrincadamente unida. Las personas LGTBI llevan estando en las organizaciones de izquierda más importantes y radicales desde la década de los años 1920 y 1930, con una identidad velada e invisibilizada, hasta la creación de los movimientos de liberación gay y lésbico con la explosión del movimiento LGTBI con una identidad «propia» en los Disturbios de Stonewall en el ciclo del 68-69 estadounidense.

Aunque es cierto, que muchas veces la izquierda marxista subordinaba tanto la cuestión racial, de género de sexualidad a la de «clase trabajadora» como explica la historiadora Joan W. Scott. Sin embargo, a pesar de esta subordinación el partido comunista estadounidense, durante las décadas de los años 30 y 50, acogió en su seno a los principales «activistas» por los derechos del colectivo LGTBI, contando con líderes como Harry Hay y Morris Kight. Pero a pesar de esta gran tradición histórica del movimiento obrero socialista y radical estadounidense con las personas del colectivo LGTBI, estas recibieron una gran discriminación por parte de la sociedad y de sus compañeros de clase no alineados con los movimientos radicales. Debido a esta discriminación estructural, en 1969, desde los márgenes de la clase obrera, estalló la revolución en Stonewall en la que las personas del colectivo decidieron unificarse como un movimiento unitario para protestar e intentar atajar esta opresión estructural pero sin «olvidar» de dónde procedían: de los márgenes de la clase trabajadora. Es decir, se constituyeron políticamente con una clara consigna, integrar la lucha no es subordinarla, la identidad —estructura— del género, raza y sexualidad es por si misma una parte de la reproducción social y por lo tanto el marxismo tiene que atenderla.

Este hecho fue percibido durante los años 1969 y 1970 como una suerte de «fragmentación de la clase obrera» al fin y al cabo, el movimiento obrero parecía que se resquebrajaba: a su calor y desde sus filas habían aparecido la lucha antirracista, movimientos feministas y movimientos por el colectivo LGBTQ+. Esta percepción era únicamente un espejismo fruto de una homofobia que imperaba tanto dentro de los movimientos de clase como en la sociedad estadounidense: es cierto que las personas LGTBI y se habían refugiado en el movimiento obrero, pero siempre se les había pedido que subordinasen su identidad a aquella de la «clase obrera». Por lo tanto, cuando se decidieron organizar como un movimiento unitario, externo, pero queriendo colaborar con las demás trabajadoras, las organizaciones socialistas y comunistas vieron estos «nuevos» movimientos con bastante recelo.

Y aquí comienza la historia de superación de esta falacia de la fragmentación de la clase obrera por parte del movimiento LGTBI estadounidense: organizaciones como Gay Liberation Front tenían un pensamiento y unas motivaciones políticas que nunca obviaron la clase, pero se veían «excluidas» de lo que era «verdaderamente comunista». Aun así, nunca dejaron en su empeño en colaborar con los demás movimientos de clase que abrían una posibilidad de brecha para la emancipación total del ser humano en el país.

Gracias a esta posición de clase se acercaron a los presos políticos del Black Panther Party en junio de 1970 y como «recompensa» a esta absoluta lealtad de clase tuvieron una disculpa pública del máximo líder de los Black Panthers, Huey Newton. Este discurso-disculpa, dado por Newton agosto de 1970 marcaría (1) la superación de la falacia de «fragmentación de la clase y lucha obrera» y (2) cómo se interrelacionarían los movimientos LGTBI y obrero hasta nuestros días, con una lealtad y respeto absoluto, aunque con sus tensiones y disensiones.

Fruto de ellos que fueron, están los que hoy son, organizando de nuevo el movimiento obrero en los Estados Unidos. La brecha que abrieron los movimientos antirracistas, feministas, LGTBI y el obrero a principios de la década de 1970 colaborando se cerró a base de sangre y fuego, llegando una etapa en la que la «mayoría silenciosa» —los blancos y heterosexuales— dominaron el panorama político y cultural estadounidense con mano de hierro gracias a las administraciones de Nixon y Reagan. Durante la década de los 1970 no hubo cabida para un movimiento socialista, pero tampoco para el antirracista —que se intentó acallar con el movimiento del daltonismo racial— ni tampoco para un movimiento LGTBI de liberación. Fueron casi unos 30 años de oscuridad en este sentido, en el que ante la descomposición del movimiento socialista bajo el nuevo neoconservadurismo, quienes llevaron y lideraron desde los márgenes de la sociedad estadounidense el ataque al supremacismo blanco y capitalista para intentar abrir otra brecha fueron activistas pro LGTBI y antirracistas. El movimiento obrero tuvo una regresión nunca antes vista en los Estados Unidos durante estos años, pero no fue debido a que sus esfuerzos pasaron a ser «por luchas identitarias fragmentarias», sino por todo lo contrario: los socialistas y comunistas, durante la década de 1970 apostaron de una manera muy convencida por la emancipación humana total alineándose con el movimiento antirracista, feminista y LGTBI. El estado y sistema capitalista respondió con represión, asesinatos y la COINTELPRO para derrotar por todos los medios a esta apuesta por la unión que hicieron estos movimientos radicales.  Debido a esta enorme represión, se devolvió a la casilla de salida al movimiento obrero. Este empezar de cero y el volver a acumular fuerzas políticas fueron llevadas a cabo por el movimiento feminista y LGTBI en gran medida.  

En la década de los años 1990 surgieron otras organizaciones que lucharon por el movimiento LGTBI en el contexto de la epidemia del SIDA que azotaba a la comunidad mientras se criminalizaba desde las elites y personas hetersexuales al colectivo. Estas organizaciones fueron ACT UP y Queer Nation, que si bien no tenían estrechos lazos con organizaciones comunistas tenían una esencial perspectiva de clase.

Cuando estalló la crisis del 2008 los socialistas y comunistas se pudieron reorganizar rápidamente teniendo su base en los y las activistas de estos movimientos. Para esta reorganización se sirvieron de las cenizas de grupos como Queer Nation, por su radicalidad en la cuestión de clase y género, y otras pertenecientes al colectivo LGTBI. Mientras se producían estos movimientos de reorganización para la acumulación de fuerza política, las élites del país decidieron en una mezcla del uso de las políticas de la identidad, para ganar demográficamente elecciones, y un pinkwashing, institucionalizar el movimiento feminista y LGTBI. Durante la presidencia de Obama se intentó proteger a las personas del colectivo LGTBI con legislación federal, estas políticas fueron bien recibidas por el colectivo, pero siempre fueron consideradas como insuficientes. Aun así, durante la época de Obama sí que hubo un peligro real de «fragmentación» puesto que la política de institucionalización si funcionó para el colectivo, las organizaciones más importantes del colectivo se dispusieron a colaborar con su administración mientras que las izquierdistas denunciaban la institucionalización y una estrategia clara de pinkwashing.

La situación cambió en gran manera con la llegada de Trump, la Pandemia y el movimiento Black Lives Matter. Trump revocó toda la protección federal al colectivo LGTBI, haciendo ver a los que habían sido participes de la colaboración que esta estrategia no había sido fructuosa, puesto que con un simple cambio de administración se podían perder los derechos «conquistados» —cedidos por la élite. Trump inició, junto a la Alt-Right, un ataque frontal hacía, ya no solo los derechos del colectivo, sino hacia la misma existencia de personas LGTBI. Durante 2016 hasta nuestros días, incluso en la presidencia de Biden, se ha prohibido, directamente, la existencia a las personas LGTBI en numerosos estados del país. Sin embargo, había un lugar en donde el movimiento LGTBI si había conquistado plenamente su derecho a la existencia y había quienes respetaban que fuese un movimiento unitario, separado, pero «camarada»: en las organizaciones del movimiento obrero, tanto partidos como el Democratic Socialist of America (DSA) y el Communist Party como en los numerosos sindicatos radicales. De hecho, en 28 estados de los Estados Unidos es legal que una empresa eche a una persona LGTBI por el simple hecho de serlo, y lo único que protege ante esta discriminación es la pertenencia a un sindicato radical de izquierdas.

Gracias a la concienciación política que supuso el movimiento Black Lives Matter, y sus filiales internas LGTBI —sobre todo las activistas queers y trans negras—, hizo que las personas de LGTBI de clase trabajadora se organizasen en sus trabajos, primero para pedir que se pudiese apoyar públicamente a estos movimientos, luego para pedir que se acabase con la discriminación interna a las personas LGTBI en el puesto de trabajo y finalmente, se lanzaron a crear un sindicalismo joven y radical que partió de las enseñanzas de la coalición que hubo en 1970 entre el movimiento socialista-comunista, el antirracista y el LGTBI. La mayoría de las personas que han creado los sindicatos de Starbucks Workers United o Amazon Labor Union se consideran parte del colectivo LGTBI. Todas ellas se radicalizaron a través de una presidencia que pretendía acabar con su existencia y volvieron a las mismas conclusiones que 1970: la conquista de derechos solo se puede hacer en un movimiento con un horizonte socialista-comunista en la diversidad de la clase trabajadora. El primer almacén sindicalizado por Amazon Labor Union cuenta en su mayoría con trabajadoras que se definen como queers. Y el caso de la compañía Starbucks es sintomático, una compañía que siempre ha intentado tener una fachada de progresista y que escoge sistemáticamente a trabajadoras con una estética muy determinada —que puede ser percibida en los Estados Unidos como transgresora. Es decir, Starbucks escoge de entre sus trabajadores a aquellos que tienen una estética que es percibida como «claramente LGTBI» para que, en una clara campaña de pinkwashing, sea percibida como una empresa con valores progresistas. Es curioso que estos mismos trabajadores LGTBI se hayan revuelto y denunciado esta campaña, denunciando que Starbucks se deja millones de dólares en lobby político a políticos que revocaron las leyes de protección trans. Esta denuncia, junto a la decisión de la compañía de cerrar tiendas que se han sindicalizado ha provocado que su imagen se vea dañada puesto que se ha puesto encima de la mesa su estrategia de pinkwashing con la que quería dar una imagen progresista, ahora es una compañía que utiliza esta estrategia y despide a sus trabajadoras que se sindicalizan por mejorar su condición económica y que piden que se protejan a las trabajadoras trans de los ataques de los clientes. Estos trabajadores y trabajadoras de Starbucks tuvieron su primera experiencia política mostrándose a favor de Black Lives Matter y protegiendo a sus compañeras trans y queers de los insultos de clientes. Gracias a esta concienciación política y a que el movimiento LGTBI siempre ha estado presente en las organizaciones comunistas con sus pares heterosexuales, esta unión por proteger al colectivo mutó en un sindicato que protegía la diversidad de la clase trabajadora y luchaba por mejoras económicas para la misma.

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