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Últimas entradas de LA PÁGINA

Después de la rabia

Estas armas son entregadas, por enseñanza, por «tradición», a quienes se les coloca el yugo ardiente y pesado de la hombría hegemónica. Y a las feminidades se nos alecciona y se nos «acostumbra» a responder a esta violencia coercitiva con pasividad, fetichizándola, tiñéndola de amor.

Clase social e identidad

La clase media tiene su Orgullo LGBT a celebrar el día de verano que mejor convenga. En paralelo, la clase obrera tiene su Orgullo crítico (o indignado), siempre el 28 de junio en conmemoración con la revuelta de Stonewall. El Orgullo crítico resulta antiguo a la vez que novedoso. Es una manifestación antigua porque recupera eslóganes, reivindicaciones y estética de la generación anterior; no obstante, resulta nuevo porque se da en un contexto de igualdad legal y amplio uso de las tecnologías de la comunicación.

El modo de producción heterosexual. Elementos para una crítica general

Claramente, considerar la opresión de género y sexual como un problema exclusivamente cultural conlleva que la naturaleza del trabajo, cuando está presente, dedicado a ello por los movimientos y partidos de la izquierda materialista y anticapitalista no es propiamente materialista, sino que constituye una simple variación del esfuerzo de los partidarios de la ideología dominante, es decir, la liberal.

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Del campo a la ciudad. La dimensión espacial de las violencias cisheterosexistas

Si Chueca o Barcelona se muestran como lo más de lo más en el activismo LGTBI o en la vida comercial y festiva de ambiente, lo hacen gracias a un reverso, un afuera constitutivo, un «lado oscuro»: el mundo rural. Igual que la promoción turística gay o LGTBI de destinos como Tel Aviv o Israel necesitan de un Otro cercano pero distinto, las grandes capitales gays o LGTBI necesitan su pedacito de alteridad, la sombra contra la que despiden luz y progreso.

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Ser pobre y maricón en una dictadura: relatos del franquismo en Canarias

A principios de los años setenta, Tenerife y Gran Canaria formaban parte de las regiones con mayor tasa de desescolarización, con un 59,7 % y un 61,2 %, respectivamente. En municipios como Ingenio, de un censo de población de 1.479 niños de entre seis y doce años, solo había 1.101 matriculados. De estos últimos, un 70 % asistía a clase con regularidad. La comunidad LGTB, concretamente las mujeres transexuales, tuvieron mucho más difícil poder recibir una educación por el acoso y marginación que sufrían.

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